Resulta que para el mes que viene el museo de arte de Setagaya (Japón) hará una exposición sobre arte moderno mexicano, y por azares del destino me vi involucrado en parte de la investigación (hasta donde se me explicó) destinada a un programa que la televisora estatal NHK japonesa esta realizando con motivo de la exposición.
(Este es la página del museo, pa quien le interese. Está en japonés.)
http://www.setagayaartmuseum.or.jp/exhibition/exhibition.html
Eso me ocupo algunas de las últimas semanas, en las cuales redescubrí el valor del arte mural mexicano. Si hablamos de cultura popular, el muralismo mexicano fue un intento de llevar el arte a las masas, y aunque se ha cuestionado si en verdad consiguió su fin, supo retratar una sociedad y una realidad que no se encuentra del todo lejos.
Más adelante y con un poco más de tiempo quisiera ordenar parte de la información recogida en estas semanas y presentarla en el contexto de la cultura pop, y nuestra cultura nacional actual, y por el momento solo me gustaría reproducir algunas palabras de José Clemente Orozco, sobre todo en tiempos recientes en que se ha exaltado mucho más la figura de Frida Kahlo y Diego Rivera.
Orozco, hombre de interesante personalidad cuyo pensamiento y obra, llevado al nuevo siglo, no ha perdido vigencia (aunque se quiera quizá pensar lo contrario), pues como dijo su amigo, el poeta guatemalteco Luis Cardoza:
“Orosco transformaba su pensamiento en emoción, y su emoción nos hace pensar y conmovernos.”
La imagen es un detalle del retrato de Orozco hecho por Siqueiros, otro gran personaje, aunque muy diferente.
El siguiente texto ha sido extraído de la autobiografía de Orozco.
“El arte proletario consistía en pinturas que representaban obreros trabajando y que se suponían destinadas a los obreros. Pero eso fue un error, por que a un obrero que ha trabajado ocho horas en el taller no le resulta agradable volver a encontrar en su casa “obreros trabajando”, sino algo diferente que no tenga que ver con el trabajo y que le sirva de descanso. Pero lo más gracioso fue que el arte proletario fue comprado a muy buenos precios por los burgueses, contra los cueles se supone que iba dirigido, y los proletarios comprarían con todo gusto el arte burgués si tuvieran dinero para ello y no teniéndolo se deleitan surtiéndose de cromos de calendario que representan doncellas aristocráticas indolentemente reclinadas en pieles de oso o un caballero elegantísimo besando a la marquesa a la luz de la luna en la terraza del castillo. Las casas de los burgueses están llenas de muebles y objetos proletarios como petates, sillas de tule, ollas de barro y candeleros de hojalata; mientras que un obrero, en cuanto tiene dinero suficiente para amueblar su casa, se compra un pullman forrado con gruesos terciopelos, un breakfast o desayunador o un juego de esos muebles rarísimos construidos con tubo de fierro niquelado, gruesos cristales y espejos biselados.”
“La verdad es que no siempre el buen gusto es innato ni patrimonio exclusivo de determinada raza o clase social, Sólo la educación puede crearlo, orientarlo o depurarlo.
“En la época del indigenismo agudo se identificó al indio con el proletario sin tener en cuenta que no todos los indios son proletarios ni todos los proletarios indios, y entonces vinieron los cuadros indoproletarios, también “hijos” del manifiesto del sindicato. Todos estos cuadros fueron a dar a Estados Unidos a manos de gente blanca. Ni los indios de aquí ni los de allá tuvieron nunca la menor noticia de la existencia de tales cuadros en que se exaltaba su raza.”
Este es un fragmento de la visión crítica del artista sobre su tiempo y sus contemporáneos, que nos lleva a recordar lo “anacrónico” que suenan ahora las palabras “proletario” y “burgués”. No voy a extenderme en esto, ni en el indigenismo, temas que en un tiempo suscitaron acaloradas discusiones y que considero deberían repensarse a la luz de nuevos contextos. Por ahora solo quisiera llamar la atención sobre la certeza y sinceridad de su crítica, y el valor que podemos encontrar en ella en un tiempo en que la acción de los medios masivos y la sociedad de consumo han vuelto confuso y hasta irreal el término “arte”, y su lugar en la sociedad.
Invito a aquellos que no lo conocen, o que sólo han escuchado de él en vacíos y descoloridos discursos institucionales fruto del nacionalismo mexicano, a descubrir o redescubrir a este autor, su sinceridad y claridad, su crítica e irónica visión del mundo, expresada en su obra, pues como él mismo dijo:
“Lo que tengo que decir, lo digo pintando”
Cristo destruye su cruz, 1943, una de las obras que viajará a Japón. Perteneciente a la colección de Carrillo Gil.
"Lo menos que podría hacer Jesús, es romper su cruz, deshacerse de su imagen, por que detrás de esa imagen hay corrupción."
Macario



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