jueves, 28 de mayo de 2009

Notas acerca del Cómic y el Manga. Parte 1


El manga, historieta o cómic : formato de comunicación en la cultura de masas.

Alvaro David Hernández Hernández

Publicado originalmente en la Gaceta de Lenguas, año 1, No. 2, Junio 2007, Escuela Nacional de Antropología e Historia. México.

Nota: Las notas como la bibliografía se perdieron en la edición para el blog, pero se encuentran en el archivo PDF.


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El cómic, historieta o manga, como respectivamente se le ha denominado en Estados Unidos, México y Japón, es un medio de expresión que nació en el centro de la sociedad industrial impulsado por las necesidades e intereses de la entonces naciente industria periodística. Es pues, un medio masivo de comunicación para una sociedad de grandes dimensiones.
Los orígenes del cómic, como advierte Roman Gubern, pueden ser tan antiguos como se quiera, si partimos de una de sus principales características, la comunicación de un mensaje mediante el uso imágenes. Sin embargo, el cómic responde también a las características del medio que lo vio nacer y con el que ha crecido. Así, éste como lo conocemos actualmente tiene su origen en la industria periodística de Estados Unidos a finales del siglo XIX, en parte como resultado de la búsqueda de un mayor rating de los medios, es decir la competencia con otros medios por captar la atención de la mayor cantidad de consumidores posibles. Con esto se intentó lograr un aumento en las ganancias de la industria, en este caso, una industria de formas simbólicas; o como fue definida por Theodor Adorno y la llamada escuela de Frankfurt, una industria cultural.
En gran parte de sus trabajos, Theodor Adorno y Max Horkhaimer dirigieron una crítica a estas industrias, principalmente a la del cine y de la radio, denunciando cómo a través de éstas, el capital encuentra una justificación “cínica”, no ya en las obras como creación artística sino, precisamente como industria, estableciendo una relación de domino del sistema sobre los consumidores. La sociedad sobre la que actúan es la sociedad de masas, la industria la clasifica y homogeneiza al asignar un producto especialmente fabricado para cada sector de la población.
Dicha crítica hacia las industrias culturales se ha establecido como paradigma para el estudio de los medios de comunicación masivos, principalmente desde la perspectiva sociológica y antropológica. De esta manera, la subsecuente acusación que con frecuencia dirigiría la sociedad crítica a los medios, tendría como objeto, además del cada ves más evidente problema del control de la ideología, la depauperación del arte al ser reproducido en cantidad industrial y dirigido a un publico medio. Éste último fue entendido como una masa incapaz de interpretar correctamente una obra de arte, que por tanto debía ser simplificada y reducida a una caricatura de sí misma, para así, estar al alcance de la sociedad de masas; la obra ahora como objeto de consumo sería producida a nivel industrial.
Es así como nos encontramos que la palabra cómic está ligada casi irremediablemente a la categoría de subcultura, salvo algunos casos excepcionales en los que se habla de “cómic de arte”, pero incluso estos casos hacen patente la necesidad de diferenciación entre el arte y el objeto de consumo industrial.
Conviene recordar el énfasis que hace Umberto Eco en la contradicción que representa la expresión “industrias culturales”, ya que no existe nada tan disímil a la idea de cultura; que implica un sutil y especial contacto con las almas, como la industria, misma que evoca montajes, reproducción en serie, circulación extensa y comercio de objetos convertidos en mercancía. Eco hace una crítica a este tipo de conceptos “fetiche”, que atribuye al tipo de estudioso que él llamó “apocalíptico”, incluyendo a la Escuela de Frankfurt. Tal perspectiva ve en la cultura de masas, una “anticultura”, un fin de la cultura. Es claro que una postura así, deriva de una concepción de cultura en el sentido que los alemanes dieron al término alrededor del siglo XVII.
Así, mientras que los términos cultura y civilización solían equipararse a finales del siglo XVII en Francia e Inglaterra, como un alejamiento progresivo de la barbarie y el salvajismo, en Alemania tomaron connotaciones antagonistas. La palabra Zivilisation se asociaba con el refinamiento de modales, mientras que la noción de Kultur se usaba para referirse a los productos intelectuales, artísticos y espirituales. Con ello, la clase intelectual alemana que no pertenecía a la nobleza cortesana diferenciaba su actividad en términos intelectuales y artísticos, es decir culturales, mientras que se burlaban de la nobleza que solo se interesaba en refinar sus modales dentro de la civilización.
Así el concepto de cultura que emergió a finales del siglo XVIII y principios del XIX, formulado principalmente por filósofos e historiadores alemanes, puede ser considerado según Thompson como una “concepción clásica” de la cultura. En esta perspectiva la cultura se entiende como “el proceso que implica el desarrollo y ennoblecimiento de las facultades humanas, mismo que se facilita con la asimilación de obras eruditas y artísticas vinculadas con el carácter progresista de la era moderna”.
Es solo desde este enfoque elitista como toman sentido muchas de las acusaciones a lo que esta perspectiva ha definido como cultura de masas. Así, para Eco, aquello que denominamos como cultura de masas comienza en el momento histórico en que las masas se vuelven protagonistas de la vida social y participan de las cuestiones políticas. Estas masas han elaborado un lenguaje propio así como un ethos que han puesto en circulación. Sin embargo, Eco dice que, el modo de divertirse, de pensar, de imaginar de estas masas, no nace desde abajo; a través de las comunicaciones de masa, sino que todo ello le viene propuesto en formas de mensajes formulados según el código de la clase hegemónica.
Así, aunque los valores de cultura que critican a los comics adscribiéndolos a una sub-cultura tengan su origen en una distinción elitista de este concepto y del arte, no dejan de acertar en un punto importante, es decir, la industrialización de la cultura y su uso por parte de las elites económicas. Este carácter industrial que comparte el cómic con el resto de medios electrónicos de los que forma parte, lo ha definido y construido como un producto de la era de masas. Responde a las necesidades de una sociedad industrial, que por obra de la propia acción de los medios en su carácter de tecnologías de la información, a tomado cada ves mas el carácter de un a “sociedad informacional”.

Roman Gubern definió a la historieta como una “estructura narrativa formada por la secuencia progresiva de pictogramas, en los cuales pueden integrarse elementos de la escritura fonética”. Para él “los cómics constituyen un medio expresivo perteneciente a la familia de medios nacidos de la integración del lenguaje icónico y del lenguaje literario”, sin embargo, lo anterior, nos advierte, no es exclusivo de los cómics.
Gubern habla de integración para diferenciarse de las aucas o aleluyas, que son un tipo de publicación española para niños que se caracterizó por presentar narraciones con imágenes y texto. Sin embargo, el texto siempre aparecía fuera de la imagen, al pie del cuadro presentando una descripción de esta. Las aucas son consideradas una expresión de la literatura catalana, y sus primeros ejemplos datan del siglo XVI. Las aleluyas datan de los siglos XVIII y XIX, y de modo semejante a las aucas eran un tipo de lectura con función recreativa. De esta manera, nos dice Gubern, los comics nacieron el día en que a la “secuencia figurativa” de tales aucas y aleluyas se integraron de una manera orgánica. Así pues, para él, tal síntesis estética no hace necesario al balloon, o globo de dialogo.
La estructura narrativa del cómic presupone necesariamente una secuencia, o discurso sintagmático, pero no toda secuencia es necesariamente narrativa. Esto en el caso de Japón es común no sólo en el manga sino también en su literatura y poesía. De esta manera pueden considerarse como secuencias descriptivas, donde hay referencias señalizadoras sobre la progresión secuencial, y donde la recepción es determinada por una prioridad de lectura; en el caso del cómic occidental, izquierda sobre derecha y superior sobre inferior.
Esta estructura narrativa puede ser formada por una concatenación de palabras, es decir, lenguaje oral, escrito, gestual, y de sordomudos entre otros. En el caso de los comics los pictogramas son los elementos o células que componen la estructura narrativa.
El pictograma es la forma históricamente más primitiva de escritura. Éste es un “conjunto de signos icónicos que representan al objeto u objetos que se tratan de evocar. Precede a la emergencia del leguaje articulado y la escritura fonética que es más abstracta, más convencional y menos universal que el pictograma. Este “signo icónico” ha sido definido por Charles Morris como cualquier signo que ofrece, en algunos aspectos, semejanza con lo denotado.
Lo anterior le da cierta universalidad e inteligibilidad al signo icónico, a diferencia de otros signos como los lingüísticos. En un paralelismo con el lenguaje, Gubern define al “iconema” (equivalente al fonema) como el mínimo rasgo gráfico carente de significado icónico por si mismo. Por ejemplo, una línea curva, no significa nada, pero puede ser boca, cara u ombligo. Además tiene otras características que no tiene el fonema, como su referencia a la forma “morfema” o al color “cromema” (o morfión y cromión, para evitar confusiones con el uso corriente de morfema). Una característica distintiva de esta forma narrativa es que esta elaborada en el presente en el modo indicativo. Para Gubern, estas características son las de mayor importancia, dejando al margen a la noción de viñeta.
En cuanto a la escritura fonética, en caso de presentarse, ésta debe estar integrada, no yuxtapuesta. No debe presentar necesariamente carácter de un discurso lingüísticamente organizado, pues nos encontramos con elementos como las onomatopeyas y los sonidos inarticulados.

Continúa en:
El manga, una breve historia que ha impactado a occidente.

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