jueves, 14 de enero de 2010

Comiket!

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¡Comiket!

Feliz año nuevo!

 Antes de que se me olvide y a sabiendas de que aún no pongo la segunda parta sobre el evento en Kyoto y otras cosas que quisiera agregar, quisiera por lo pronto escribir algunas cosas acerca de la ultima edición de la afamada Comiket de Tokyo, (09/12/ 29,30,31) a la que pude asistir por primera vez.

(Por cierto que estaré muy ocupado lo que queda de este mes y el principio del siguiente, así que tal vez tarde algo de tiempo en subir esa información.)


Antes de ir al evento.


El evento es el más grande de su clase en Japón, y por supuesto para el mundo del anime, el más importante en el mundo. Para los asiduos asistentes a pequeños o medianos eventos locales como yo, la Comiket de Tokyo, capital de la subcultura japonesa, ejerce un poder simbólico considerable.


 Muchas veces, sin embargo, esa imagen no es más que una mera fantasía o idealización, pues por lo general no se tiene una clara idea de la naturaleza de este evento, o las ideas que se tienen al respecto de éste se encuentran muy mezcladas con otro de los polos simbólicos más importantes, la Comic-Con de San Diego.

 Así, al menos en el caso de México, los eventos llamados “Convenciones de Cómics” nacieron con el modelo de la Comic-Con, la cual está a su vez relacionada con los primeros eventos iniciadores de este fenómeno: las convenciones de aficionados a la ciencia ficción. Todos estos eventos se organizaron originalmente bajo  el formato de una “Convención”, sin embargo en el caso de México, esta forma ha sufrido diversas alteraciones, llevando a muchos a decir que “ni son convenciones” pues en lo esencial no hay artistas invitados, conferencias, y no se estructura un área para el intercambio de ideas y propuestas entre los integrantes del medio creativo, “ni son de cómics”, esto debido a que, la palabra “comic” alude a las producciones estadounidenses, no obstante que de finales de la década de los 90`s a la fecha, estos eventos se centran en lo principal en producciones de la subcultura japonesa.

 Sin embargo el caso de la Comiket es diferente. Aunque es un hecho que históricamente el movimiento de aficionados a la subcultura nace en estados unidos, los elementos de la subcultura japonesa que llevaron al nacimiento de la Comiket le da una naturaleza particular. De estos elementos quizá el más claro es que ésta no se estructura bajo el modelo de una “convención”. Otro de los elementos de diferencia sería el carácter masivo de la subcultura del manga y el anime, el cual ha llevado al nacimiento de una “subcultura dentro de la subcultura”. Es a esta comunidad a la que abriga la Comiket. Así, en el caso de México, que es el que yo conozco, la comunidad de aficionados a la que abriga estos eventos está conformada por consumidores de la cultura masiva del anime/manga, en cambio en Japón, esta comunidad en su mayoría, al menos en principio, está formada por dibujantes y lectores de “Doujinshi” (revistas independientes), siendo el modelo del “mercado” el más cercano. Por eso se llama “Comic Market”. Así mismo, estructurar en Japón un evento que sirva como espacio de interacción para los consumidores de la cultura masiva del anime/manga, así como su subcultura resulta innecesario teniendo a Akihabara funcionando las 24 horas de todos los días del año. 


 Cuando le dije a mis compañeros (japoneses) del instituto (quienes también estudian, uno el fenómeno del manga, otro el fenómeno otaku) que pretendía visitar la Cimiket, me advirtieron que sería una experiencia difícil. Ellos, al ser de Kansai (Osaka y Kobe) no han ido al evento pero aseguraron que sería un lugar “extremadamente” lleno de gente, principalmente hombres, poco sociales, y muy ocupados en conseguir su ejemplar de algún circulo de dibujantes famosos, en el cual seguramente terminaría perdido y exhausto. También pregunté por alguien que pudiera acompañarme al evento, a lo que me respondieron que los asistentes son “extremadamente individualistas” por lo que sería difícil que alguien quisiera acompañarme o guiarme dentro del evento. Estos comentarios, algunas recomendaciones prácticas como comprar con anticipación el catalogo de los círculos de doujinshi participantes, y mis ideas de “aficionado extranjero” fueron mis precedentes antes de dirigirme una vez más a Tokyo.

Y para no seguir haciendo el cuento largo estas fueron mis impresiones.

1) En verdad es muy grande el Tokyo Big Sight, y es mucha le gente que cabe en el. La línea del metro, una de las formas de llegar al lugar, se encontraba atestada de los asistentes. Carteles y pancartas de Anime adornaban la estación más cercana al Big Sight, en la cual trabajaba personal extra para guiar a la gente y evitar un caos. Aun así, todos muy disciplinados seguían las instrucciones para dejar la estación y el llegar no representó ningún problema.

Sobre la cantidad de gente, finalmente el lugar está diseñado para eso, y está bien diseñado, (no como los eventos en México) de modo que la cantidad de gente nunca fue un problema, y si uno llega después de las 11 de la mañana puede entrar sin formarse para nada. La puerta es enorme.

 

2) La gente, sí es rara, digamos “distinta”, pero no la gran mayoría. No era muy difícil distinguir desde el centro de Tokyo a algunos de los que se dirigían al evento, unos por que iban en grupo y su plática era sobre el evento. Otros por que además de eso vestían parte del cosplay que usarían en el evento, y otros por ser los clásicos “gorditos con lentes de fondo de botella” con el pelo un poco largo y facha desaliñada. Sin embargo éstos últimos eran los menos. La otra gran mayoría, al menos para “mis ojos de extranjero” no se distinguían del resto de los usuarios del tren de Tokyo, salvo quizá por un elemento. No parecían compartir ese profundo estrés de la vida cotidiana que se ve en los rostros de la gran mayoría de lo usuarios del transporte colectivo de Tokyo, claro que esto, como todo lo que escribo en esta pagina, es una visión muy subjetiva.

Como mera impresión (habrá que revisar las estadísticas)
  • No me pareció ver una clara diferencia entre la cantidad de hombres y mujeres.
  • La gran mayoría paresia ir en grupos de más de 3.
  • Otros tantos iban en pareja, es decir novio/novia.
  • La gran mayoría parecían jóvenes, o al menos menores de treinta años.
  • El ambiente general era jovial, alegre, y respetuoso.
  • No fue raro, sin embargo encontrar el estereotipo del otaku que describí arriba, aunque no me parecieron “sujetos antisociales” o “extremadamente individualistas”
  • Tampoco fue raro de vez en cuando ver a extranjeros, la mayoría jóvenes que deambulaban perdidos como yo.
  • Lo que no vi: Niños, viejitos (salvo los trabajadores del Big Sight), en general “familias”, parejas de adultos.


3) De las áreas del evento, las principales son los salones de Doujinshi: hileras interminables de mesas con trabajos de todo tipo, muchos con una calidad grafica y de manufactura muy baja, y otros al contrario, trabajos muy cuidados gráficamente y de muy buena presentación. Los precios rondaban entre los 100 y los 500 yenes por ejemplar y los asistentes se paseaban por las mesas ojeando los trabajos mientras los dibujantes gritaban “compren por favor” “miren por favor” “no importa que no compren, pero miren por favor”. Las obras se encontraban distribuidas según los lectores a los que iban destinadas, de modo que estaban los clásicos círculos de Yaoi y los círculos de Lolicon. Me pareció curioso que mientras casi no había hombres comprando y menos vendiendo en la zona de Yaoi, en la zona de Doujinshi erótico para hombres no era raro ver mujeres sentadas entre los dibujantes.
Además de doujinshi también había quienes vendían discos con canciones gravadas de su propia autoría o diseñadores aficionados de juegos de video.

El área de Cosplay, estaba situada al aire libre y pensada específicamente para que se reúnan los disfrazados y les tomen fotos los otros participantes. Sólo una regla importante, “No tomes ninguna foto sin permiso, siempre pregunta antes de tomar la foto”. Esto me parece un elemento importante, pues aunque no todos la cumplían siempre, abría la oportunidad para el dialogo entre extraños (cosa muy difícil en Japón) y permitía una relación más cercana entre los asistentes. De modo que el clásico gordito desaliñado con lentes de botella y cámara con un enorme lente pregunta muy decentemente al la chica guapa que viste un sexi traje de colegiala, ¿Te puedo tomar una foto? Y ella responde sonriente ¡Claro, adelante!, y después de varios disparos y de poses complacientes de la chica, ambos intercambian unas palabras de cortesía antes de despedirse. Fue en esta área donde sentí más fuerte un aire de comunidad.
El área de las empresas. Esta es un área que dicen que es relativamente nueva y algunos participantes están en desacuerdo con que se haya abierto. En ella diversas empresas del mundo del anime ponen estantes principalmente orientados a promocionar nuevas series. En lo principal el objetivo no parece ser vender cosas así que en muchos locales muchas regalan desde panfletos hasta discos o chamarras promocionales (claro que para obtener una de estas últimas es necesario hacer fila por varias horas), hacen pequeños eventos como un miniconcierto de una chica que canta canciones de anime, o firmas de autógrafos. Esta fue el área más parecida a los eventos en México, además por que estaba ostentosamente decorada con las imágenes de los locales e inundada de música, monitores y mercancías. Hay que destacar que la mayoría de los locales parecían orientados a series eróticas o semi eróticas, aquí chicas guapas vistiendo cosplay repartían la publicidad pero a diferencia de la zona de Doujinshi, había menos mujeres entre los asistentes.   

 
 

Estas son mis impresiones muy subjetivas, de las cuales quisiera destacar finalmente que, contrario a la imagen “oscura” que los mismos japoneses aficionados al anime me habían pintado de esta clase de eventos, resultó desde mi perspectiva ser un lugar con gente alegre y joven. Mucho más oscuros y antisociales me parecen los “Salaryman” que atestan el metro de Tokyo. 



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